Tejiendo Redes. Un lugar donde aprendemos y compartimos nuestras habilidades manuales. Y donde podemos charlar, echar una partida... puedes traer manualidades que hagas tu en casa, juegos de mesa.
objetivos
Tejedoras de vida. Desde siempre, y sobre todo cuando son madres, a las
mujeres les ha gustado tejer.
Sentir el hilo que pasa por los
dedos poco a poco y que se va anudando con paciencia hasta
convertirse en una tela que abrigará a los hijos y nietos. Suele ser
una experiencia íntima, recogida, cálida y reconfortante.
Tejían las tres Parcas (Nona, Décima y Morta)
decidiendo el destino de los humanos. Tejía Penélope aguardando el
regreso de Ulises, tejen todavía las mujeres de culturas primitivas
para ganarse el sustento, como también lo hacen las humildes arañas
para atrapar a sus presas.
Desde la más remota antigüedad, al
tejer se le ha atribuido un carácter simbólico y sagrado. Los sufis
se llaman a sí mismos ‘tejedores de lana’, porque usan el simbolismo
de la fabricación de alfombras como metáfora de la confección del
alma por Dios. El revolucionario arquitecto norteamericano
Christopher Alexander afirma que su creatividad se basa en el
estudio de las alfombras turcas. Sus dibujos, realizados por sufis,
no están diseñados y tampoco siguen un pensamiento previo, sino que
van surgiendo según se tejen. Una parte del dibujo lleva a la
siguiente sin que el artista esté siguiendo un plano.
Los sufis
se esfuerzan en tejer las alfombras ‘a la manera de Dios’, es decir,
dejándose llevar por una corriente espiritual más que racional.
Según ellos, así construyó, o mejor dicho, así va construyendo Dios
el mundo. Si la obra queda demasiado perfecta, hacen a propósito un
punto equivocado, una pequeña falta -llamada ‘el punto persa’- como
muestra de respeto, con el fin de reservarle la perfección sólo a
Dios.
Mahatma Gandhi tejía su propia ropa, en
señal de humildad y también para detener ese ruido mental que impide
que el yo más profundo se manifieste, lo que también se logra
mediante la oración, la meditación, el yoga y la danza mágica,
técnicas diferentes para un mismo sendero místico.
En la
marginada barriada de Palo Solo, Huixquilucan, a dos horas de la
Ciudad de México, un grupo de mujeres se reúnen cada día para tejer
en el taller de la cooperativa Mitz, que significa ‘Para ti’ en la
lengua indígena náhuatl. Son dos decenas de mujeres que se afanan en
cortar y doblar tiras de papel laminado para luego trenzarlas con
una técnica para tejer hojas de palma del pueblo nahua, descendiente
de los aztecas. De sus manos salen bolsos, monederos, agendas,
portarretratos o esferas navideñas... Unos 3.000 accesorios al mes
que se comercializan luego en Alemania, Bélgica, España, Estados
Unidos, Gran Bretaña e Italia a precios que oscilan entre los 15 y
140 dólares.
Estos ingresos permiten la autosuficiencia
económica de las 50 cooperativistas y de sus familias.
La mitad
de las ganancias se dividen entre todas las artesanas sin
distinción. El resto del dinero se divide entre un 20 por ciento que
se entrega a la escuela, otro 20 por ciento destinado a sufragar
costos de manufactura y el 10 por ciento restante para gastos
operativos.
Los productos Mitz también financian la Casa de los
Niños de Palo Solo. Se trata de la única escuela de México para la
población pobre que sigue el método de enseñanza Montessori. Fue
construida hace más de 20 años sobre lo que antes fue un
vertedero.
Desde el nacimiento de la Fundación Mitz hace siete
años bajo el lema ‘Tejiendo el porvenir’, dos mil quinientos niños y
niñas de la comunidad han sido becados gracias al reciclaje de más
cuarenta toneladas de residuos industriales.
Mitz ya no sólo ha
logrado que firmas transnacionales como Mars, Pepsico, Terracycle y
Starbucks les donen sus residuos, sino que su alianza con Mars ha
sido decisiva para vender los productos en las tiendas M&M en
las ciudades de Nueva York, Orlando y Las Vegas, en Estados
Unidos.
Hasta ahora, según datos de la Fundación que conjuga
comercio justo, autosuficiencia, energía renovable, solidaridad y
educación, se han vendido más de ciento cincuenta mil productos, que
han generado más de un millón de dólares de ingresos. Esto indica un
crecimiento de la producción de l cincuenta por ciento en los
últimos cuatro años.
Mitz se erige en el mejor y más perfecto
ejemplo de lo que puede lograr la creatividad y la energía femenina
cuando se une para trabajar como suelen hacerlo las mujeres:
silenciosamente, aplicadamente, pacientemente, limpiamente, para
construir un mundo mejor.
Fuente: Maria Eugenia Eyras
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Un nuevo espacio de encuentro y manualidades para todas las semanas, los martes a las 11:00 h. y los jueves de 18:00 h. a 20:00 h. en el Centro de Salud de La Fresneda.
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imágenes
documentos
Fragmento del documental de José Roberto Levy y Edgar Gómez
Son dos
decenas de mujeres que se afanan en cortar y doblar tiras de papel
laminado para luego trenzarlas con una técnica para tejer hojas de
palma del pueblo nahua, descendiente de los
aztecas.
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